sábado, 24 de octubre de 2015

Para quienes se preguntan qué hacer en Medellín…

Van las sugerencias de una andariega que lleva pocos meses disfrutando al fin de las bondades de esta ciudad. Y soy tan cursi porque mi padre (paisa de esos que cuando cruzan el charco van en busca de una arepa) todavía no se cansa de decir: ¿Saben qué es lo mejor que tiene Bogotá? ¡Pues la salida para Medellín!






























Si alguien me pidiera consejos para sacarle provecho a esta ciudad, lo primero que le diría es que se quede al menos 10 días para alcanzar a sentir la diversidad de dinámicas que aquí se tejen. Porque hay que tomar en cuenta que es la segunda urbe más grande de Colombia y tiene un montón de etiquetas encima, que van desde haber estado por décadas entre las 10 ciudades más violentas del mundo a ser hoy “la más innovadora”. Esto último lo dudo mucho, pero haber trabajado en el sector público me llevó a entender que todas esas vainas tienen que ver más con política y plata que con cualquier medida real.

En fin, que luego de haber aceptado quedarse un tiempo prudente, les daría estos otros sugerencias:

1. Revisa el calendario de eventos culturales


Edwin García en "El Atravesado"
De las actividades que más he disfrutado en mi corto tiempo acá son las relacionadas con el arte, que abundan y muchas las encuentras en tus narices sin siquiera haberlo pensado. Como cuando caminaba por la Junín y un mimo me invitó a la muestra del Festival Documentales Barcelona + Medellín (en el que La Casa de la Morera), la tarde en la que fui a conocer el Parque Biblioteca Débora Arango y me enteré de que justo esa tarde era el II Envigado Jazz Festival o el sábado en el que un buen amigo tenía boletas para ver al maravilloso Gorsy Edu Abaga en el marco del Festival de Artes Escénicas.

Además estuvo el Festival de Blues, el de Jazz Manouch, la Fiesta del Libro en el Jardín Botánico, el Improlombia, la re-inauguración del MAMM con concierto gratis y documentales del Festival Ambulante

Teatros recomendados por mí: Matacandelas, Acción Impro, Pequeño Teatro de Medellín, Pablo Tobón Uribe.


2. Toma buen café en sitios deliciosos

Este plan es un poco menos guerrero porque el buen café tiene su precio, así que hay sitios que se han especializado en ofrecer diferentes clases de granos orgánicos cultivados por familias o comunidades campesinas, acompañados de una repostería absolutamente exquisita, recontra dulce y, como es muy típico aquí, repleta de arequipe o chocolate... es decir, tan perfecto para muchos como para mí. 

Históricamente, este país se ha caracterizado por cultivar el café más dulce del mundo, pero consume el más malo de sus granos porque el de mejor calidad se va al extranjero. Sin embargo, desde hace unos años se está tratando de cambiar esto mediante el consumo de buen café y la promoción de un consumo responsable, que pague el valor real tomando en cuenta el trabajo tan dedicado las familias cultivadoras. Así que salgan de OMA y Juan Valdez, y descubran nuevos lugares y sabores mientras disfrutas de una tarde relajada en barrios como El Poblado, Manila o Laureles.

3. Ve a los parques 

Parques hay por montones y realmente son lo máximo. O bueno, por lo menos para mí que vengo de la montaña y eso de hacer picnic a cualquier hora del día en un área verde, segura y con mucha gente, no es tan usual. Por ejemplo, en el día nada mejor que el Jardín Botánico: entrada libre, espacio gigante rodeado de naturaleza (naturalmente) y con actividades como yoga, meditaciones y conversatorios que de pronto te sorprenden justo cuando comenzabas a aburrirte. 

En la noche, el parque de Ciudad del Río (que queda atrás del MAMM) es algo así como el destino hispter de moda y está bastante bueno: comida casera preparada por viajeros que se están pagando la aventura a punta de trufas, crepes, brownies especiales, etc.; artesanos que venden joyería con piedras y cristales en diseños hermosos; jugos, cerveza, vino, música en vivo… y mientras avanzas hacia el sur más dinámica se vuelve la movida con gente practicando acrobacias de circo, parkour o bicicleta.

Otro plan que me encanta es ir al barrio Carlos E. Restrepo, que tiene un amplio espacio público entre los edificios habitacionales, que se llena de gente que viene a hacer lo mismo que en Ciudad del Río. La diferencia es que este es más urbano, hay tiendas, cafés, librerías y restaurantes, un centro cultural y un grupo de gente muy bacana que pasa ahí las noches (como de miércoles a sábado) vendiendo los sándwiches callejeros más ricos que he probado. El sitio se llena de gente joven, también encuentras artesanías, alfajores argentinos que se deshacen en la boca, burritos vegetarianos y chocolates locos...


4. Baila salsa

De la clásica, de la buena o, como algunos la llaman, de “la brava”. No de la caleña que se baila acrobáticamente gracias a que en los 70 alguien tuvo la magnífica idea de acelerar el disco de vinil y así crear un nuevo ritmo, no no no. Esa se baila en Cali o en las escuelas de danza y toma tiempo y esfuerzo aprenderla. 

En Medellín se baila la salsa con la que nuestros padres crecieron, rumbearon y algunos hasta se enamoraron, en bares como el Tíbiri, el Eslabón Prendido, el Son Habana (a ese no he ido) o un antro cuyo nombre no recuerdo que estaba en una calle muy movida cuyo nombre mejor me reservo. Y como el clima es primaveral y generalmente los mejores sitios de salsa tienen la particularidad de ser un poco undergrownd, vayan con ropa muy ligera porque la ventilación falla y si hay mucha gente tu sudor se confundirá con el del techo o las paredes. 


5. Conoce Envigado

Escultura de Juan Fernando Torres inspirada en
la obra "Las Monjas y el Cardenal" de Débora Arango
Que de una vez les aclaro, no es Medellín. Sí, parece que fuera un barrio gomelo más del sur, los buses urbanos van de una ciudad a la otra como si estuvieran haciendo un recorrido local y hasta el metro pasa por ahí, pero si quieres darte cuenta de que has cruzado la frontera tienes que fijarte en los semáforos. O por lo menos eso dijo mi amiga Eli cuando le pregunté: “¿Ya estamos en Envigado?”, y ella desde la parte delantera de la moto, ladeando un poco la cabeza y gritando me dijo: “¿No viste que aquí los semáforos son distintos?”. 

En realidad, esta ciudad se precia de haber alcanzado otros éxitos más significativos, como haber reducido sus índices de pobreza e incrementado considerablemente la calidad de vida de sus habitantes, al punto de tener una de las más altas del país.

Pero yo la recomiendo por tres lugares muy puntuales: el Parque Natural El Salado, el Parque Biblioteca Débora Arango y la Casa Museo Otraparte

El primero: toman el metro hacia la Estación Envigado y se suben a un integrado que los lleva hasta la puerta de El Salado. Esta área protegida se ha convertido en una zona de recreación familiar donde cientos de personas van el fin de semana a hacer asados, celebrar cumpleaños, bañarse en el río, escalar, hacer canopy, deporte, caminatas… mejor dicho, falta tiempo. La entrada es barata, el paisaje hermoso y el ambiente alegre. 


Flor exótica  en el Parque que según me dijo Lucas
(un trabajador) es australiana y dura cuatro años. 
El segundo: tal vez no todos disfrutan de las bibliotecas de la misma manera, pero desde la entrada ésta es muy especial con una escultura inspirada en uno de los cuadros de Débora Arango. En mi caso, el ingreso no fue menos increíble cuando me di cuenta que llegué justo para el ensayo de la Sinfónica de… la verdad no pregunté, pero todos eran jóvenes y hermosos como la música que tocaban. Además, el edificio tiene sección de comics, de arte para niñxs y varios salones para adultos.

El tercero: es la casa “del viejo Fercho” –como lo llama mi amiga Eli–, aquel filósofo envigadeño que a sus 18 años ya escribía en Pensamientos de un Viejo frases como: "Crees que las lágrimas duran sólo un instante, pero te engañas. Nada muere... Tu tristeza irá a entristecer otras almas... No puedes reír, llorar o cantar sin que conmuevas todo el universo...". Publicó más de 25 obras, fue diplomático, poeta y abogado, esposo de Margarita, padre de Álvaro, Ramiro, Pilar, Fernando y el brujo Simón, y conocido también como el Brujo de Otraparte. En su casa, rodeada de jardines y con un estanque, ahora hay un centro cultural – café que además de tener una carta exquisita en oferta gastronómica y de bebidas, también lo es en palabras. Cada uno de los ítems que se ofrecen tiene el nombre de un personaje de sus libros y cita un párrafo para contextualizar, así que los admiradores de González se deben sentir como en casa.   


Ahora, ¿qué NO hacer en Medellín?

1. Quedarse únicamente en la zona turística más conocida que es El Poblado, porque está bastante alejada de la realidad del resto de la ciudad. 

2. Subirse al metro en hora pico (entre las 7:00 - 09:00 y 16:30 - 18:30).

3. Comer bandeja paisa en la noche. De hecho, el día que quieras probar esta delicia (porque hasta sin las carnes es demasiado rica), es mejor que no desayunes y te prepares para una larga digestión. 

4. Hacer turismo relacionado con Pablo Escobar e incluso pagar por ello, si lo único que te mueve son la curiosidad y el morbo. 

5. Venir en busca de sexo y drogas. Esta ciudad tiene altos índices de explotación sexual y trata de personas (incluyendo niños, niñas y adolescentes), porque miles de turistas llegan cada año buscando y fomentando el turismo sexual y la prostitución infantil. 


¡Y en los alrededores de Medellín no se pierdan Jardín y Jericó!

1 comentario:

  1. excelente artículo, Medellín y sus alrededores tienen sitios y actividades valiosas para vivirlas, muy buena la guía de " que no hacer en Medellin" sobre todo el turismo sexual y el morbo sobre Pablo Escobar.

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