jueves, 19 de febrero de 2015

Uyantza - Día 2: comienza la fiesta

Mi segundo día en Sarayaku comenzó a las 3am con los gritos de José: “Camila, ¿si vas a venir o te quieres quedar durmiendo?”. ¡Claro que voy, solo espera que me mojo la cara y me despierto!

La corona del prioste

Caminamos hasta la plaza donde estaba la casa del prioste principal o “lanza”. Allí las mujeres se pintaban el rostro con wituk y una de ellas adornó mi frente con un diseño que mezclaba los patrones de una piel de serpiente con un sol radiante. Una hora después fuimos a visitar a los cazadores, que estaban en algunas playas cercanas esperando el amanecer para llegar triunfantes al pueblo luego de tantos días de andar por el monte. Conversamos con ellos, nos comentaron que la caza había estado buena y que no habían tenido inconvenientes, nos hablaron de la importancia que tiene para ellos la selva y el respeto a sus ciclos, por lo que estas jornadas las realizan cada dos años para permitir que la vida se regenere, y todo esto con la música de los tambores de fondo que nos acompañó en casi todo momento durante los siguientes cuatro días.

Mujer pintada con wituk esperando la llegada de los cazadores
En la orilla donde atracan las canoas, las mujeres estaban listas para recibir a sus esposos e hijos con pequeñas tinajas llenas de chicha, que ellas prepararon durante los 12 días en los que ellos estuvieron fuera, tiempo durante el cual también tejieron los recipientes de cerámica que en ese momento estrenaban. Desde lejos se escuchaban la música y los motores que traían a los cazadores, quienes bajaban con sus rostros y brazos adornados con figuras pintadas con wituk y coronas de plumas, picos de aves y pieles de los animales que había cazado. 

Después de esta pequeña bienvenida cada grupo fue a la casa de su prioste –son cuatro en total– y allí las mujeres y los niñxs se dedicaron a dos cosas: ofrecer chicha a todxs quienes estuvieran allí y colgar los animales producto de la cacería alrededor de la casa, en los techos de paja y las columnas de madera que lo sostienen. Monos, lagartos, dantas, pavas, tucanes… todos ahumados y amarrados, dando testimonio del éxito del esfuerzo y la valentía de los hombres del medio día. Así se pasa el día, entre chicha, música y risas, hasta que el sol comienza a bajar y la gente se va a sus casas a descansar y prepararse para la segunda parte de la fiesta: el Sisa Kamari. 

Cazador con piel de mono tocando el tambor en la casa del
prioste principal. Colgados, los animales de la cacería.

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