miércoles, 30 de julio de 2014

10 microhistorias de miradas

Gabriel en el páramo de El Ángel, mientras caminamos por un bosque de papel de esos que crecen entre esponjas naturales y que susurran leyendas de seres pequeños que tocan sus tambores para encantar a los caminantes.



En Cuba la guagua se demora y la gente la espera con la resignación de quienes llevan años esperando lo que nunca llegó... Esperé muchas guaguas y miré también la interminable calle mordiéndome los labios, con la esperanza de que ese monstruo mecánico que se acercaba fuera el que estaba esperando.


Yo estaba en su casa, de invitada o de metida según quien lo mira, pero esa es su tierra y no la mía. Por allá en el Amazonas, en un resguardo a orillas del río, estos seres me acogieron por unos días. Todos fueron amables, pero nunca fueron fingidos.


En Chibuleo, un pueblo pequeño y frío, las mujeres andan siempre juntas y se ríen en voz bajita. Esa tarde un grupo de teatreros visitó la plaza para hablarles sobre derechos y ellas se sentaron a mirarlos muy pegaditas, mientras el viento andino les marcaba las mejillas.


Los acordes melancólicos de un violín de tango y la alegría infantil de quienes recorren San Telmo parando en cada esquina demasiado tiempo. Yo lo miraba a él y él miraba sin mirar a las manos que en lugar de entregar monedas, piensan que se vive de aplausos.


Cusco - 2011 - mañana de verano y papa guatia. Verónica ha cocinado tubérculos dentro del calor de la tierra cada verano... Yo, una vez en la vida. 


Una mañana soleada en Santiago. Un artista de calle ganándose unos pesos con la representación de un minero, tan solo porque hace un par de años 33 quedaron atrapados y ahora todos queremos posar con ellos.


Allí parada en la Av. Amazonas, como si en la ciudad supieran lo que significa el Amazonas. Si lo hicieran, ellas no tendrían que marchar por días, con tantos años encima, con la sola idea de defender sus tierras y enaltecer sus vidas, mientras los "compañeros" de terno que se movilizan con gasolina les dicen que si quieren ser escuchadas, los sigan a pie más días.


 Así es la séptima de Bogotá cualquier día. Miles de personas se cruzan en las calles grises, ruidosas, contaminadas y duras del centro, y frente a un tablero estropeado y viejo instalado en una acera, hay otros que se aíslan del caos moviendo fichas de guerra.


Día de siembra en el noroccidente de Pichicnha. Llevamos semillas, construimos huertos, apilamos camas, plantamos lechugas y seguramente de esos días nos quedan pocos saberes. Yo guardo estas imágenes y mucha nostalgia; ellos tal vez la sensación inigualable de cuando llega algo o alguien a sacarlos de la rutina de clases. 

1 comentario:

  1. Los rostros del ser humano siempre nos dicen algo, especialmente en la mirada, los ojos encierran un contenido especial para mirarlos.

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