martes, 18 de marzo de 2014

Tonolec en vivo

Foto: Cuestión Entrerriana
La primera vez que escuché la potente voz de Charo Bogarín, iba en un automóvil blanco por la carretera que conduce a las termas de Papallacta. Adriana, compañera de muchos viajes y días, iba al volante con la rapidez que la caracteriza y cantaba “Tengo una casa con techo de paja, visítame niebla de cada mañana. Tengo una hija que reza en silencio a su diosa amor…”, mientras Manu, Eva y yo comenzábamos a asimilar esta música intensa de Tonolec.  

Días después, no paré de escuchar el disco Plegaria del Árbol Negro e investigar más sobre este mágico dúo, lo que me generó un mayor gusto y respeto por su arte. Ella, Charo Bogarín, periodista, compositora y cantante, hija de padre desaparecido durante la dictadura, y él, Diego Pérez, artista visual, compositor y músico de varias bandas. Vienen del norte de Argentina y se han dedicado desde hace unos años a mezclar la música étnica de la zona, sobre todo del pueblo indígena kom (o toba), con música electrónica. 

Meses después, mientras planificaba mi viaje a Argentina, pensaba en lo increíble que sería poder verlos en vivo. “Tú solo pide” es uno de mis mantras y todo coincidió a la perfección. Luego de cruzarme con ellos en Buenos Aires, los alcancé en Paraná la noche del 19 de septiembre, cuando dieron un concierto en la Universidad Autónoma de Entre Ríos. Yo estaba en Santa Fe visitando a mi amigo Sebas y descansando de varias semanas de viajes imparables, y Paraná queda a menos de una hora de viaje, así que no podía ser mejor. 

Llegué temprano, con mucha ilusión, y tiempo de sobra hasta que comenzara el concierto. Un candombe me distrajo por un rato y luego una cervecita que llegó a mis manos como recompensa por mi notoria presencia solitaria. Finalmente llegó la hora y lo que no me esperaba, era que una “orquesta de salsa” fuera la telonera del evento. ¿Salseros argentinos? Pues sí, con muy buenos instrumentos y muy poco ritmo… Aunque sí que fue bonito escuchar sus versiones de la Fania y ver a la gente empacada en pesados abrigos moverse al ritmo latino. 

Terminó la sección tropical y salieron a escena Charo Bogarín, Diego Pérez y el percusionista, Lucas Helguero. Apenas comenzó la primera canción, apenas ella cantó la primera palabra, me quedé como hipnotizada con la increíble manifestación fuerza que estaba presenciando. Tan así, que aunque llevé mi cámara no les tomé ni una foto. La presencia de Charo Bogarín es absolutamente imponente y la música del trío, casi perfecta y llena de sentimiento. Ya lo presentía cuando escuchaba sus canciones, pero lo que se transmite en vivo es incomparable. 

Pasaron una tras otras las canciones, ellos contaban anécdotas, explicaban sus letras y yo con esa felicidad del aquí y ahora que pocas veces se experimenta a conciencia. Llegó la hora de “El cosechero”, una de mis favoritas, y todo el mundo estalló en aplausos y gritos porque se trata de una canción tradicional de esa provincia. Eso de entender el por qué de las canciones le da un plus increíble. 

Foto: Cuestión Entrerriana
Y ni se diga con “Llora tus penas”, una de las que más me ha conmovido y más aún al escuchar que se la compuso Charo a su madre, quien sacó adelante a sus hijos vendiendo pan luego de que desaparecieran a su padre durante la dictadura. 

Terminó el concierto y llegue a casa con una satisfacción inmensa, lista para dejarle a mi almohada todos estos recuerdos musicales.

A la mañana siguiente, antes de comenzar el viaje por las Sierras de Córdoba, la mamá de Sebas me hizo un regalo que todos los días me devuelve esos recuerdos: un búho típico de las artesanías toba que pude escoger de su colección. 

Ahora, en esta tarde de lluvia, me acompaño por esta música y mis dedos finalmente dibujan ideas… Cada que canto “Amorsito amorsito, porque no me hablas más, si yo te di todito, lo que se puede dar…”, cada que recuerdo las sensaciones de esa noche, cada que entiendo como los momentos insignificantes cobran sentido en los días menos pensados, agradezco las aventuras que los pasos me han regalado. 


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