miércoles, 20 de noviembre de 2013

Las sierras de Córdoba y un tiburón

Atardecer en el Río Quilpo

Los recuerdos de aquellos días tranquilos, soleados, cálidos, fríos y muy aireados, se materializan con frecuencia durante mis horas de vigilia. Cada tanto recuerdo esa loca energía con la que nos recibió Córdoba durante los días en los que rodamos por sus tierras en una pequeña y acogedora casa, con la ilusión de aprovechar cada minuto del poco conocido y muy bien promocionado Earth Dance

Pasado el tiempo entiendo que no fui a eso… 


La casita y sus habitantes
Primero porque el viento poderoso que levantó escenarios y otras estructuras endebles no acogió bien a los danzantes, y segundo porque el vernos “obligados” a recluirnos en nuestra querida guarida, casi nunca menos de 4 y casi nunca más de 8, me llevó a conocer a fondo a cada uno de estás almas argentinas que tanto bien le hicieron a mi camino. 

Tendrá que ver porque pasé varios días y noches acompañada de teatreros que recitan en solo o en coro hermosas estrofas, o porque acogieron a “colombia” como una más de la tribu gracias a que mi querido Sebas de Santa Fe me había anunciado con toda su buena energía. 

Lo cierto es que después de compartir desayunos, almuerzos, cenas, bailes, vinos, carcajadas, chismes, caminatas, noches de a tres por cama, horas de viaje y chapuzones en el Río Quilpo (solo yo mientras los demás me hacían barra), me queda decir que, entre tantas otras cosas, aprendí que…

Ella hablaba de la muerte y del miedo

Él, un tiburón
El tiburón y el hombre son los únicos animales asesinos
El tiburón no mata por hambre ni por defender a su cría
Mata
Para el tiburón es más inocente…
lleva los dientes en la cara. 

El grito del viento

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