viernes, 8 de noviembre de 2013

La buena vida de Pablo Neruda

Publicado en la edición oct - nov 2013 de IR Magazine

Neruda y Matilde en Isla Negra - Fuente http://ioamoneruda.altervista.org/foto/

El nombre Pablo Neruda nació unos 15 años después del cuerpo físico que lo portó. A inicios de los años 20, con tan solo 17 años, Ricardo Reyes cambió de identidad con la firme decisión de perseguir el camino de poeta, lo que marcaría en él un destino apasionante y arrollador. 


Neruda es un hombre bien posicionado, ya sea como artista, como político, como diplomático o como todas las anteriores, y son muchos los que tienen una opinión acerca de su vida y de por qué ganó un Nobel. Nunca me he sentido muy inspirada por su poesía, pero si muy curiosa por su personalidad. Así que para poder definirla mejor, visité una de sus míticas casas en Chile, La Sebastiana, y encontré un lugar lleno de magia e historias. 

Vista de Valparaíso desde La Sebastiana
Valparaíso es la segunda ciudad más poblada de Chile, aunque parece un pequeño pueblo porteño suspendido en el tiempo. Cerca del mar hay cerros poblados por casas antiguas de colores, muchas calles son adoquinadas, se conservan los edificios coloniales y todavía se utilizan los llamados “ascensores”, algo así como viejos vagones que suben por rieles, para llegar a los barrios más altos de la ciudad. 

La Sebastiana se encuentra en el Cerro Florida y el poeta la compró en la segunda mitad del siglo pasado, buscando un lugar inspirador y tranquilo donde vivir con su tercera esposa, Matilde Urrutia. 

Aunque “vivir tranquilo” es un decir en la vida de Pablo Neruda, porque si algo pude intuir luego de recorrer los cinco niveles de esta casa, es que era un amante de la comodidad y la buena vida. Además de darle gran importancia a sus horas de sueño, a “la nube” (el sillón donde se sentaba a ver el paisaje de la Bahía) y al estudio donde pasaba horas escribiendo, el poeta era un maestro de las fiestas, los cócteles y la buena mesa. 

La puerta del baño
No le gustaba comer solo y a sus invitados les mandaba a preparar platos especiales según el gusto de cada uno. Las bebidas siempre se servían en vasos de colores, las comidas en platos pintorescos que, más que una vajilla, eran una obra de arte, y en el bar tenía licores y bebidas con las que se inventada las más extravagantes mezclas. 

El bar me llamó mucho la atención. Por momentos pude imaginar a los personajes intelectuales, políticos y de izquierda de la época, riéndose de bromas de doble sentido o molestando a quien tuviera que ausentarse para visitar el cuarto de baño, que tenía una puerta rosada y agujereada por la cual se veía casi todo. 

Neruda fue un coleccionista apasionado. Acumuló palabras, botellas, antigüedades, obras arte, artefactos raros, libros, mapas, momentos románticos y noches de año nuevo mirando los fuegos artificiales desde la altura de La Sebastiana. 

Dicen que sus otras casas, la Chascona de Santiago y su casa en Isla Negra, también están colmadas de objetos de colección que incluyen conchas y mascarones de proa. Sea cual sea el espacio, el poeta se ocupó de que transmitiera una sensación de calidez y asombro. Incluso el exótico pájaro rojo disecado que cuelga de una de las esquinas del comedor, en medio de una burbuja trasparente, que inicialmente a personas como yo nos causa algo de indignación, no deja de ser parte de la armonía del entorno.  

Mientras se recorre el lugar con un audio-guía muy completa que explica cada uno de los detalles importantes de la casa, hay también poemas de Neruda que acompañan a los objetos. Siguen sin conmoverme sus palabras, pero lo que sí me ha inspirado y motivado grandemente, es su evidente capacidad de disfrute, de ser y de compartirse con los más cercanos a él. Supongo que, así como a cada cosa le tenía una explicación poética, a cada amigo le tocaba lo suyo.

Así lo hizo con La Sebastiana. Lo imagino sentado en “la nube”, una tarde de verano, mientras en su mente se tejían los versos:

Yo construí la casa.

Luego subí en el aire la bandera 
y la dejé colgada
del firmamento, de la estrella, de 
la claridad y de la oscuridad…  


No se puede tomar fotos dentro de la casa... hice lo que pude. Esta es la vista de su cuarto


ALGUNOS CONSEJOS

- Una vez que termines tu visita, baja caminando por las callecitas coloridas y bohemis del barrio hasta pasar por el Museo al Aire libre, un pasaje lleno de interesantes grafittis y rodeado por tiendas de artesanos.

- Si vas a Santiago visita su casa La Chascona, donde conocerás más acerca de la Fundación y la buena vida de Neruda.


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