jueves, 3 de octubre de 2013

La Habana en Partitura

* Artículo publicado en la edición de jul - ago 2013 de IR Magazine

Grupo Herencia

Era la madrugada de un día de septiembre y yo por fin estaba cumpliendo uno de mis sueños: viajar a Cuba. Tenía muchas expectativas, preguntas, dudas y la suerte de contar con una buena amiga en La Habana, que me recibió con esa amabilidad y generosidad que caracteriza a los cubanos. Ella, su familia y amigos me guiaron durante dos semanas por una ciudad llena de belleza, contrastes y, a mi sorpresa, de todo tipo de música. 

Porque una de las cosas que más me sorprendió de este lugar, es que en cada rincón y a toda hora, hay gente haciendo música. Y no me refiero a la salsa de la Bodeguita que todos los que han visitado La Habana habrán escuchado; me refiero a las melodías de un violín solitario que se escucha las tardes en un parque del Vedado, al reggae caribeño que mis amigos rastas componen en un patio de Centro Habana, a la tradicional parranda que improvisan los campesinos al son de diversos instrumentos, a las jam sessions del Bertolt Brecht… 

Concierto de parranda
Mi primera guía musical fue Martha Esquenazi, investigadora, pedagoga, literata y mujer de saberes en general, que tuvo la gran idea de llevarme al lanzamiento del disco “Parrandeando entre las lomas”, dos días después de mi llegada.

La parranda cubana es una manifestación cultural que se remonta a mediados del siglo XIX, cuando los campesinos (o guajiros) se reunían a celebrar algún acontecimiento en torno a la música, la comida, el baile y la bebida. Esto podría parecer muy normal y aplicable a casi cualquier cultura, pero lo particular aquí es que se genera un tipo de duelo, en el que un cantador “mata al otro” comenzando a cantar sin dejarlo terminar sus estrofas. 

El evento fue en un centro cultural del barrio Playas, donde nos sentamos al aire libre a escuchar las parrandas de Sancti Spiritus y Ciego de Ávila. En el escenario había varios músicos de guayabera blanca y sombrero guajiro, y una mujer de  voz ronca y poderosa entonando los coros. El conjunto de violines, guitarras, bongoes, claves, güiros, marímbulas, treses y aplausos, nos acompañaron con su alegría mientras Martha y yo nos refrescábamos con cerveza Bucanero helada.

Esa misma noche, todavía con el tic de levantar levemente los hombros al ritmo parrandero que daba vueltas en mi cabeza, unos amigos me invitaron al Café Teatro Bertolt Bretch en el Vedado. 

César López
Este barrio es uno de los más lindos de La Habana, con calles amplias, construcciones muy bien conservadas, árboles grandes y frondosos y, lo mejor de todo, con alma cubana.

La presentación del día era la de César López y Santiago Feliu, dos músicos muy conocidos en la bohemia habanera que, junto con otros genios, dieron el mejor concierto de latin jazz que he escuchado. Claro, podría estar exagerando, pero cómo no hacerlo cuando pasas un día rodeada de gente interesante, que te invita a compartir con ellos “el plan del día”, y ese resulta ser ir a escuchar la magia de la música cubana en vivo. 

Pasaron los días y yo me dediqué a conocer La Habana. Solo salí de la ciudad un par de veces para visitar el mítico Varadero, el nada famoso Guanabo y dejarme llevar por el romanticismo revolucionario cuando escogí un viaje a Playa Girón en lugar de ir a Pinar del Río.

No lo hagan; de la revolución solo queda un hotel estatal (todo incluido), que también incluye una limitada vista al mar a causa de una estructura gigante de concreto a lo largo de la costa, que se construyó hace varios años para evitar otros intentos de invasión. 

En La Habana Vieja, un barrio hermoso y algo complicado para una mujer que lo recorre sola (y que tiene que soportar que en cada cuadra se le planten en frente y le griten: ¡España! ¡Italia! ¡México!) hice el intento de tomarme un mojito en la Bodeguita del Medio. No pude. Para mi sorpresa, eran las cinco de la tarde y ya estaba demasiado lleno y prendido, así que tuve que disfrutar del buen son desde la acera. 

Pero como la música seguía llenando mis días, mi amigo Daniel me invitó al ensayo de su grupo de reggae. En una casa de Centro Habana, un barrio donde los edificios se caen a pedazos y al caminarlo se conoce una realidad más dura de Cuba, nos recibió una madre amorosa con el típico café cubano (algo así como un expreso con mucho dulce incorporado). En el patio, en medio de otros edificios viejos y bajos, los músicos de Herencia repetían una y otra vez que “Hay que romper las cadenas que nos quieren imponer, porque el rasta solo lucha por tranquilidad… no como ellos, por poder…”, mientras yo tomaba cientos de fotos y bailaba relajadamente. 

Herencia

Un día antes de mi regreso, fui con amigos a Tropicana para despedirme a lo grande, pero resultó que esa noche había un concierto de música electrónica y que, además, llegamos cuando se estaba acabando. Afortunadamente, en una ciudad donde puedes caminar o tomar un bus tranquilamente hasta pasada la media noche, siempre hay otro lugar donde seguir celebrando. Esta vez fue “la G”, una avenida cerca del Vedado donde se reúnen lo jóvenes de la ciudad a tomar algo y pasar el rato. 

Los días pasaron rápido y yo los viví al máximo. La suerte de quien no viajar en tour y puede conocer un poco mejor la realidad de un pueblo, me llevó a lugares y situaciones inolvidables. Eso sí, me quedé con las ganas de viajar al campo y vivir una verdadera parranda, que imagino como un momento de alegría máxima en medio del trance al que se llega a través de los bailes, los cantos, el ron y el calor. Por lo menos me traje unos discos y el recuerdo de frases como: 

“Alma mía el día en que yo nací… cantando me recibieron en un punto parrandero que fue feliz para mí… ¡Qué lindo es Cuba!”.

* Más sobre mi viaje a Cuba en: Los 15 años de Michele


ALGUNOS CONSEJOS

- Si viajas a Cuba procura conseguir un hospedaje familiar, que te permita compartir con la gente y entender su realidad.

- Si bien la Habana Vieja es un barrio precioso, es la buena cara que le muestras a los turistas y fuera de él hay toda una ciudad real que vale la pena conocer a fondo.

- La comida en Cuba no es muy saludable, así que es bueno llevar semillas, frutos secos y otras cosas de picar desde tu país.

- En muchos restaurantes del centro venden mariscos y comida "gourmet" para turistas. Si la quieres consumir, ten en cuenta que gran parte de la población cubana no ha tenido nunca acceso a este tipo de alimentación.


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