sábado, 12 de octubre de 2013

El “gringo trail”: de Uyuni a Atacama

Vicuñas del altiplano

Ya han pasado más de dos años desde que atravesé el Salar de Uyuni y el altiplano boliviano, para llegar a las arenas rojizas del desierto más seco del mundo. La memoria de esos días sigue más que despierta, tanto por los deslumbrantes paisajes como por la increíble compañía. 


Comencemos por lo segundo: Irene Montoliu (uuu) fue mi compañera durante el viaje, durante los dos meses que vivimos juntas en Cusco y durante las semanas en las que me visitó en Quito. De esos días maravillosos en el Valle Sagrado hablaré en otro post, pero pueden husmear un poco en su blog.

Ire
Salimos de la antigua capital del imperio Inca (lo pongo así para no redundar) un 24 de junio; sí, justo en esa fecha que en realidad no tiene mucho de especial. En el mundo andino el Inti Raymi se celebra el 21 de junio, pero aquí lo celebran después para hacerlo coincidir con otras fiestas y hay un despliegue impresionante de actividades turísticas. 

Tomamos un par de buses a Llachón, otra maravilla que tendrá sus propios párrafos, y después llegamos a La Paz tan solo por dos días, para viajar después al anhelado Uyuni. Lo que más me llamaba la atención de este lugar es el famoso salar donde todos los viajeros se toman divertidas fotos navegando sobre latas de gaseosa, dándole besos a una persona diminuta en su mano, comiéndose a sus compañeros, entre otras situaciones posibles gracias a la perspectiva. 

Pero resulta que, además de la Isla Incahuasi, hay una travesía alucinante de tres días hasta la frontera con Chile, que pasa por algunos de los sitios más fascinantes del altiplano andino. En principio, este no era nuestro plan, pero cuando nos mencionaron cinco lagunas de colores, géiseres y diferentes tipos de animales, nos convencieron al instante. Yo, incluso, terminé cambiando mis planes para cruzar la frontera y visitar San Pedro de Atacama por unos días. 

Así que tomamos nuestra 4x4 en compañía de una pareja de colombianos, un alemán joven y solitario, y una japonesa que no hablaba español, hablaba muy poco inglés y fue la que menos disfrutó el viaje. Hicimos varias paradas, dormimos en un par de pueblos fantasma y visitamos sitios que perecen mágicos, así que en lugar de una larga crónica, hablaré sobre los atractivos que más me impactaron. 

El grupo en pleno viaje


Incahuasi o la Casa del Inca

Observación 1: considero que es un nombre meramente turístico porque no creo que aquí haya venido a vivir ningún inca.

Observación 2: no tenemos fotos de perspectiva…

Este lugar es impresionante. Una isla de piedras y cactus de cientos de años, en medio de un inmenso manto de sal blanca (blanquísima) que hace contraste con el cielo azul celeste donde casi ninguna nube descansa. 

Camila en la Isla

Aquí se parquea al menos una docena de jeeps que hacen el mismo tour todos los días. Cada guía saca su mesa y prepara el almuerzo de sus turistas: carne, quínoa y ensalada… Antes de comer, se camina y se camina alrededor de la isla y uno comienza a tener una idea de cómo será de hermoso el resto del viaje, pero una idea no basta para imaginarse todo lo que viene. 

Seguimos el recorrido parando en algunos sitios y pasamos la noche en un hotel de sal muy lindo y frío. Nos duchamos con agua helada, tomamos algo caliente, comimos, leímos y hasta mañana. 


La Laguna Blanca

Creo que esta fue la primera laguna congelada que vi en mi vida, así que en el tema de paisajes tuvo un peso importante. 

La Laguna Blanca

Además, como para incrementar el sentimiento de fascinación, apareció un zorro curiosos que nos acompañó durante algunos minutos. Lo más probable es que buscara comida y no tuvo éxito en nuestro grupo, pero nosotros sí que tuvimos suerte de verlo. Y después, vicuñas…

Sip, ¡el zorro!


La Laguna Hedionda


Que en realidad no huele nada mal, porque si lo hiciera no nos hubiéramos instalado en sus orillas a desayunar mientras admirábamos a los llamingos comer en el agua y a otros pajaritos que revoloteaban cerca de nuestra mesa. Sin embargo, se dice que de allí brota un olor a azufre que ocasionalmente llena el ambiente... 


La Laguna Colorada

Aquí llegamos después de pasar la noche más fría de toda mi vida (a -15 grados). Ire y yo nos pusimos casi todo lo que traíamos en nuestras mochilas, nos acostamos bien apachurradas en una cama pequeña y aún así no dormimos por dos razones: 1) estar tiritando y 2) escuchar los incansables lamentos de la japonesa que no tenía quien la abrazara porque el alemán estaba muy bien empaquetado en su super equipo de frío y la otra pareja… pues era pareja. 

Cuando llegamos a la laguna nos costó un tremendo esfuerzo salir del carro, tanto por el frío como por la fuerza del viento. Sin embargo, una vez afuera, esto pasa a segundo plano y uno puede pasar minutos y minutos admirando la belleza conmovedora de este sitio. No por nada estuvo nominada como una de las 7 maravillas naturales del mundo... 



Ese día fuimos a los géiseres, donde el frío es tan extremo que algunos ni siquiera se atreven a salir del jeep (bueno, solo la japonesa), seguimos a la Laguna Celeste y después a la frontera con Chile donde me dejaron a mí. 

Ire y yo nos separamos por varias semanas y nos volvimos a encontrar en Quito. Mientras tanto, yo pase de un paisaje cubierto de nieve a uno cubierto de arena en tan solo dos horas de viaje. 


San Pedro de Atacama

En Atacama estuve pocos días, pero fueron muuuy divertidos. En la frontera conocí a un grupo de viajeros con quienes comí humitas chilenas, tomé mucho vino barato, bailé salsa a lo mexicano e hice sand surf en las dunas del desierto. 

Desde ahí hicimos sand surf
Ellos siguieron su camino al Valle de la Luna y yo al norte del país, para hacer un viaje maratónico que me permitiera llegar sana y salva a abrazar a mi padre en su cumpleaños no. 60. 

Llegué salva pero no tan sana. Viajar 40 horas seguidas en un bus no es bueno para la espalda o los riñones, así que al día siguiente mis cachetes medían el doble y use el mismo pantalón durante varios días seguidos porque no me entraba ningún otro. 

Pero llegué feliz, renovada, conmovida y agradecida con la vida. Después de pasar varios días recorriendo paisajes como estos, ver montañas de colores, picos nevados, cerros de arena, animales salvajes y miles de sonrisas, entiendes que el mundo en sí mismo es una entidad viva, digna de todo el amor, la admiración y los cuidados posibles. 

Cuando se pasa mucho tiempo en la ciudad, parece que eso se olvida, pero basta con volver a los recuerdos y a las sensaciones para aferrarse a las verdades que ya conoces y dejar que éstas sigan guiando el camino. 

San Pedro de Atacama


ALGUNOS CONSEJOS

- Ve muy preparado para el frío, pero no permitas que te desanime o arruine alguna actividad. Vale la pena estar al aire libre todo el tiempo que puedas.

- No hay manera de hacer este recorrido de manera independiente, ni siquiera lo intentes (a menos que seas un explorador profesional y temerario).

- Si estando en Uyuni te dicen que es fácil tomar un bus en la frontera con Chile para ir a San Pedro de Atacama, no les creas. Debes comprar tu pasajes desde que estás en Uyuni para asegurarte de que tengas cupo; a mi y a otros dos ilusos nos salvó un hermano chileno.

- En San Pedro de Atacama todo comienza a ser el doble o triple de caro, con la maravillosa excepción del vino.

- Si te gusta el maíz, prueba la versión chilena de humitas que está buenísima.

1 comentario:

  1. Increïble, lindo, me encantó haber recordado tantas cosas que creía olvidadas, gracias por despertarme la memória Cami. Un abrazo grande

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