lunes, 7 de octubre de 2013

5 razones para visitar Mendoza

Hace tan solo dos meses, cuando estaba planificando mi viaje por Chile y Argentina, nunca pensé que Mendoza sería la ciudad donde terminaría pasando más tiempo. Había escuchado muy poco de este destino, pero como es el más cercano a Argentina si se viaja por tierra desde Santiago, no dudé en pasar allí unos días. 

Cruzando la frontera

Esos días se convirtieron en cinco de ida y cinco de regreso, con unos 20 días de espacio en los que conocí Buenos Aires, Rosario, Santa Fe, Paraná y las Sierras de Córdoba. ¿Lindo viaje no? Más de lo que me hubiera imaginado, sobre todo porque en el camino conocí a algunas de las personas más increíbles con las que me he cruzado. 

Esta podría ser una de las razones por la que estuve tantos días en Mendoza, pero parte más de una experiencia personal así que no podría recomendarla. Después de todo, no siempre se tiene la buena suerte de hacer Couchsurfing y ser recibida por la amorosa Celeste, en su casa tan acogedora, entre plantas floreciendo y su generosa compañía.    

Así que para cualquiera que visite esta hermosísima ciudad, les dejo cinco razones por las que me pareció fascinante: 


1. Es como un oasis en el desierto

Plaza Independencia
Así de trillado y así de cierto. Cuando se llega a Mendoza por tierra se puede apreciar la sequedad del entorno y su vegetación agreste, así que lo que menos te esperas es llegar a una ciudad llena de árboles, parques y plazas agradables. 

Soy una amante de los árboles, las caminatas y los lugares naturales donde sentarme a escribir o leer (como tantos otros seres humanos, claro), así que mi visita a Argentina comenzó dando largos paseos a la sombra de árboles abuelos. 

Me encantó la Plaza Independencia, sobre todo en horas de la tarde cuando los artesanos exhiben sus hermosos trabajos. Además, se encuentra rodeada de otras pequeñas plazas (Chile, San Martin, Italia y España), que según me contó mi anfitriona Cele, fueron construidas luego del terremoto de 1861 que devastó a la ciudad, de manera que la población siempre encontrara cerca un refugio seguro. 

Otra maravilla de esta ciudad es el Parque General San Martín. Envidio un poco a los mendocinos por contar con un espacio como este, donde además de árboles, jardines temáticos y un gran lago, se encuentra la Universidad Nacional de Cuyo, el El Teatro Griego, el Estadio y muchos otras instituciones. ¿Se imaginan estudiar en medio de una exuberante naturaleza, aislados del ruido y dentro de la misma ciudad? Yo sí, un poquito porque mi universidad queda en las faldas del Pichincha, pero no en un escenario tan alucinante como éste.  

Bueno, sigo.


2. El vino

Bodega en Maipú
La provincia de Mendoza es una de las principales productoras de vino en Argentina y en los alrededores de la ciudad se pueden conocer antiguas y modernas bodegas, todas muy interesantes. Es muy común hacer un recorrido en bicicleta por las bodegas de la pequeña localidad de Maipú o visitar Luján de Cuyo. Se dice que esta última es la más bonita, pero yo no sabría pues no la visité. 

En realidad, mi paseo consistió en tomar un colectivo en Mendoza, bajarme en Maipú, caminar largas distancias bajo el sol, visitar una antigua y hermosa bodega cuyo nombre ya no recuerdo, tomar una deliciosa copa de Malbec y volver a casa algo insolada. 

Pero el disfrute del vino no terminó allí. De las otras ciudades que visité en Argentina, en esta es la única en la que la gente es consciente de la existencia del Vino Turista. Este programa del gobierno busca incentivar el consumo de la bebida, a través de su distribución en todos los restaurantes del país a un precio asequible. ¿Más aún? Sí, aunque para mi comprar una botella de un buen vino en un restaurante a USD 5 ya es un regalo, si pedía Vino Turista no pagaba más de USD 3 (¡!). 


3. La Termas de Cacheuta

Foto: https://www.facebook.com/termascacheuta
Qué plan, definitivamente. Luego de tener la espalda molida por cargar la maletota mochilera y las piernas adoloridas por caminar y caminar sin descanso por Mendoza, nada mejor que sumergirse durante horas en el calor de unas deliciosas piscinas termales, con intervalos de frío para despertar el espíritu. Cacheuta lo tiene todo a tan solo una hora de viaje y en medio de un paisaje impresionante. 

El día estaba frío, en el bus íbamos pocos y en el camino me di cuenta de que el lugar estaba bastante alejado de la civilización, por lo que comencé a saborear el placer de tener grandes piscinas casi que para mi sola. ¡Error! Un bus de colegio parqueado afuera me indicó que estaba lejos de disfrutar ese momento y mi primera zambullida fue en las pequeñas termas ocupadas por los profesores, ya que las otras estaban atestadas de colegiales haciendo bulla y mala cara a cualquiera que entrara en su perímetro. 

Afortunadamente, tenían un itinerario apretado y se fueron al poco tiempo, así que no esperé mucho para disfrutar de unas aguas más calienticas, de los hidromasajes, las piscinas frías… y de una amena conversación con Simone, una mujer suiza de lo más interesante con quien, para mi sorpresa, tenía más cosas en común de lo esperadas.


4. Mendoza se mueve

Me refiero a que hay cosas muy interesantes por hacer aquí, y cómo no si hablamos de una ciudad de más de 900.000 habitantes que, entre sus características, está la de ser un importante centro universitario. 

Feria del Libro
Desde buenos restaurantes como 348 o Décimo, cientos de cafeterías con mesas al aire libre que ofrecen el delicioso combo de café con medialunas o facturitas (un manjar argentino que ya me hace falta), pasando por interesantes ciclos de cine, hasta la Feria del Libro o el Festival Andino Internacional, si te vinculas a las dinámicas de la ciudad, no tendrás ocasión de aburrirte. 

La oferta diversa de actividades es lo que más valoro en las ciudades y Mendoza cumplió mis expectativas. Tuve experiencias muy enriquecedoras y sentí que mi afán de buscar la belleza se vio satisfecho en muchas ocasiones. Por ejemplo, cuando disfruté de la película Renoir en las bancas antiguas de un Cine Universitario, cuando me encontré con un cuentero colombiano que contó la historia de cómo el viejo Manuel Hernández hizo aparecer el diablo en su casa en Getsemaní – Cartagena, o cuando me reí animadamente al ver la interpretación de Tartufo por un grupo tucumano.  

* Una advertencia: en Argentina se acostumbra la hora de la siesta, que son varias horas de la tarde en las que nada está abierto y caminar por las calles es como visitar un pueblo fantasma. No se asusten, lo bueno comienza a partir de las 6pm. 


5. Los mendocinos son gente hermosa

Qué puede ser más importante que esto para quedar encantado con cualquier lugar del mundo. Se pueden visitar los más increíbles destinos, pero si no se respira una energía amable y de bienvenida, uno no se queda muchos días. 

Todos los mendocinos que conocí me recibieron con amabilidad, respeto, generosidad y sonrisas. Son gente interesante, abierta, educada y sencilla, con quienes las conversaciones en torno a un vino, a un mate o a unas facturitas, se pueden convertir en ratos largos y amenos llenos de aprendizajes. He visitado pocos países pero muchas ciudades y puedo decir, sin pensarlo dos veces, que en esta viviría. 

Una pared mendocina que ilustra lo que digo

2 comentarios:

  1. Me gustó el reportaje, con esas descripciones o vivencias, no queda más que ir conocer Mendoza.

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