jueves, 12 de septiembre de 2013

Santiago de Chile, la llegada

Cruzando los Andes









Aprovecho la interminable lluvia bonaerense para escribir sobre la primera parte de este viaje por el sur. Comencé la aventura en Santiago de Chile, una ciudad que hace algunos meses ni siquiera estaba entre mis planes, pero que comenzó a interesarme gracias a mi trabajo con el equipo de Escapar. Aproveché una promoción de vuelos y en pocos días, sin mucha planificación y con mucha emoción, tomé la decisión de recorrer Chile y Argentina durante cinco semanas.

Tracé una ruta tentativa, hablé con amigos y familiares que podrían recibirme en el camino y listo; click en comprar, click en sí, otro sí, seguro, es en serio y ¡pasaje comprado! 

En mi primera parada me quedé en casa de mi amigo Alejo, con quien recorrí lugares increíbles. Debo aclarar que Santiago no es un lugar que me ha gustado en su conjunto, pero si en sus partes. Atribuyo algo de esta posición a que llegué finalizado el invierno, una estación que acentúa los tonos opacos de las ciudades, por lo que espero que a mi regreso, entrada la primavera, el color y aroma de las flores armonicen mis caminatas. Porque si algo hice en los días que pasé allí, fue caminar y caminar y caminar...

Paltas chilenas
El primer día, Alejo y sus amigos me llevaron a dos sitios espectaculares. Primero, como adivinando que es una de mis actividades favoritas en cada destino que visito, fuimos a hacer compras al Mercado La Vega, un importante centro de abastos en el centro de Santiago. Qué me iba yo a imaginar que, en una ciudad donde todo parece estar fríamente calculado, habría un mercado al estilo norte de Sudamérica, lleno de colores, aromas, curiosidades, desorden, gritos, risas y muchísima vida.

Comenzamos bien. Compramos frutas, verduras, yo me armé de unas buenas raciones de aceitunas negras y el delicioso merkén, y nos fuimos a casa a preparar jugo de naranja con banano para arrancar con fuerzas la segunda caminata. Destino: cerro San Cristóbal, el parque urbano más grande de Chile, que también es un importante pulmón en medio de la densa nube de contaminación que domina esta ciudad y que, en mi opinión, le quita bastantes puntos.

Caminamos durante unas cuatro horas, desde la puerta de la casa hasta la cima del cerro y de regreso, y fue el tiempo perfecto para conversar sobre todo lo que teníamos pendiente de contarnos mientras yo interrumpía con preguntas curiosas de turista, o él interrumpía con apuntes culturales de anfitrión. 

Los días siguientes recorrimos barrios tradicionales, como Lastarria y Bellavista, visité el cerro Santa Elena, el centro, nuevamente La Vega y también el famoso y muy turístico Mercado Central. Todos estos sitios me encantaron. Visualmente son muy entretenidos, armónicos y pintorescos, y cuando entré a la catedral quedé impresionada por lo grande, fría y hermosa que es.

Catedral de Santiago

Pero cuatro días fueron suficiente. Sentía la piel acartonada, los ojos irritados y muchas ganas de estar un lugar menos contaminado, así que arranqué para la costa, donde me esperaban Viña y Valparaíso. Aunque allí también me quedé pocos días, después de visitar La Sebastiana hubiera querido estar en Valpo el resto de la vida... 

Regresaré a Chile a finales del septiembre para despedirme de esas tierras raras y bonitas. Visitaré los museos que me faltaron, tomaré el famoso terremoto en el antro La Piojera y visitaré a algunos buenos amigos. Después de eso, tal vez en alguna larga espera de aeropuerto o en la comodidad de la casa de mamá en Quito, escribiré la parte II de Santiago de Chile, espero que con experiencias más alegres y la memoria más despierta y elocuente.


ALGUNOS CONSEJOS

- Es indispensable utilizar un buen protector solar y llevar humectantes para la piel y los ojos.

- Santiago es una ciudad muy cara, ve preparado.

- Si puedes desayunar todos los días con marraqueta (pan chileno) y palta, hazlo... ¡es delicioso!

- Ve al Mercado de la Vega, aunque sea solo para probar las diferentes clases de aceitunas que están riquísimas (y eso si es barato).

- Las mejores zonas de hoteles y hostales son Bellavista, Lastarria y el Barrio Italia.

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