jueves, 25 de octubre de 2012

La Puerta Falsa: un baúl de recuerdos

Creo que todos quienes han caminado hacia o desde la Plaza de Bolivar, por la calle 11, saben a qué me refiero cuando menciono vitrinas llenas de apetitosos dulces de colores. Dulces que se ven tan dulces como para experimentar, muy hipocondríacamente, los síntomas de un coma diabético, pero apetitosos tan apetitosos que no puedes evitar probar alguno...


Cocadas y marquesas

Una de esas vitrinas es la de La Puerta Falsa, un tradicional salón de onces que abrió sus puertas en el siglo XIX y sigue abriéndolas día a día hasta el XXI. El local fue adecuado en la sala principal de una vieja casa construída en 1602, donde me recibió Carlos Sagal para contarme la historia del negocio familiar. 


Fue Concepción Caicedo, la mamá de su tatarabuela, quien comenzó con esta actividad. En un principio solo ofrecía las golosinas que se mantienen hasta ahora, pero el cambio de costumbres ha generado una mayor demanda de otras delicias como tamales, chocolate, almohabanas, maíz peto...

Lo que más me causaba curiosidad del lugar era el origen de su nombre. Había escuchado un divertida historia que involucrada a fieles desobedientes, tardes de aguardiente y escabullidas magistrales durante la misa en la Catedral, pero Carlos se encargó de desmentirla. 

La entrada 
En sus palabras:
  
"Nacimos sin nombre. Como en todo pueblo, los lugares de visita se conocen con el nombre de la persona dueña. Años después fue que se adoptó el nombre con el que hoy se nos conoce: La Puerta Falsa... obedece a que en la arquitectura religiosa las puertas laterales, paso público de las iglesias, se llaman “falsas”. 

Entonces, la gente la tomó como referencia y decían 'encontrémonos frente a la puerta falsa de la Catedral' porque ésta quedaba exactamente frente a nuestra puerta".

Años después, demolieron la antigua catedral y su puerta falsa se ubicó en otro lugar, así que para que la clientela no perdiera la referencia, el nogocio adoptó el nombre que mantiene hasta ahora. 

Para él, "Lo que tiene de especial La Puerta Falsa está en la presencia a través del tiempo en el mismo lugar y más o menos con los mismos colores y olores... Una persona que ha llegado aquí tomado de la manos de sus papás después de la misa, va creciendo, siguen viendo el lugar y, cuando llegan a una edad mayor, vienen con su amiga, su novia, hacen referencia de que su papá los trajo y se convierte en tradición. 

Es interesante ver aquí a ex presidentes, compositores... y no cito nombres por respeto a estas personas; como este también es un baúl de recuerdos y gustos, que cada uno lo abra cuando quiera y no uno entrometerse...". 

De acuerdo con el tema de los olores. No podría decir que de inmediato me parece agradable, pero si muy particular. Tan así que, sin pensarlo, hay días en que me encuentro olfateando imaginariamente una visita para tomarme algo caliente. 

Cuando le pregunto sobre la permanencia de La Puerta Falsa, me da una respuesta que enaltece mi orgullo femenino, ya que asegura que su éxito se debe a que siempre fue administrada por mujeres hasta el fallecimiento de su madre. Ahora él y su hermana son los encargados de continuar con esta tradición. 

Gran responsabilidad, diría yo, porque como él bien dice:

"Ojalá, si se presenta una catástrofe, que es el nombre que yo le daría a no continuar con este negocio, hubiese alguna voz de protesta y de exigencia para que se mantenga el sitio porque es una página de Bogotá y de los que residen aquí, donde se respira tradición y tranquilidad".


ALGUNOS CONSEJOS

- Aunque a primera vista este plato te va a parecer raro, la "changua" es una sopa deliciosa que debes de probar si viajas a Bogotá. 

- Mis dulces favoritos son las empanadas de arequipe y coco, tan pero tan dulces, que la vas a dosificar durante el día. 


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