sábado, 15 de septiembre de 2012

En el Amazonas

Don Chapu pescando
El Amazonas: ese río mágico y místico alrededor del cual florece la vida y que ha inspirado cientos de historias y sueños. Tardé 27 años en llegar a sus aguas y degustar un poco de sus encantos... porque ocho, 15 o 20 días no son suficientes; haría falta pasar allí un buen tramo de la existencia para recorrer sus rincones con calma y dedicación, y así comenzar a entender de dónde viene esa atmósfera revitalizadora que parece acallar el ruido de las ideas para permitir la armonía de los días. 

 Viajé con Adriana, amiga de la adolescencia, la juventud y la adultez forzada, y al llegar a Leticia nos adentramos en la selva gracias a que su tío Juan nos recibió unos días en su finca en La Ronda (Resguardo Indígena Cocama). Fueron unos días de experiencias nuevas muy bien llevadas: dormir en chichorro, pescar en el río, alistar el pescado (entiéndase quitar escamas y entrañas desde las agallas) y probar delicias como el milpes y el tucupí; un ají hecho de yuca brava que cambió mis preferencias hacia lo picante. 

Canopy
En Leticia, nuevamente gracias a las gestiones del tío Juan, pasamos algunas noches en un hospedaje aislado y tranquilo en el cual, por el precio de un hostal para mochileros, tuvimos acceso a cocina, piscina y senderos. Durante esos días conocimos bien la ciudad, inundadas por esa tranquilidad que generan el aire puro y los cantos de la selva (además del desgano que deja el calor). 

Caminamos con calma y nos dejamos llevar por los atractivos que presentaban los días; fuimos clientes asiduas de la plaza de mercado, atraídas por el increíblemente refrescante jugo de copoasú; comimos yuca en todas sus formas; caminamos sin parar por la Av. Libertadores hasta llegar a la plaza central de Tabatinga, en Brasil (donde pocos hablan español, pero en la calle se venden arepas con queso) y nos aventuramos a ver la selva desde la cima de un hermoso árbol abuelo, haciendo canopy a una altura de 35m. 

En mi última noche en la ciudad asistimos a una clase de huitoto con Anastacia, mujer indígena que enseña su lengua en la UNAL y con quien compartimos una cena con comida "fusión amazónica". Ya se imaginarán quien patrocinó estos sucesos y nos llevó a probar pizza en casabe, una masa típica que se realiza a base de almidón de yuca y que luego aprendí a preparar en mi estadía en Santa Sofía. 

La mañana siguiente salí para esta comunidad, Resguardo Indígena Ticuna, en un viaje de hora y media por el río, que estuvo acompañado por el salto de los primeros delfines amazónicos que vi en mi vida. Legué a mi destino y Emilio, mi anfitrión, no me estaba esperando como habíamos acordado, pero un hombre que se bajó conmigo me acompañó hasta su casa y allí me recibió su esposa LuzMe. 

Ella es una mujer ticuna que dejó su comunidad para formar una familia con este hombre mestizo. Tienen tres hijos (Sheila, Alonso y Tiberio) que casi no hablan la lengua de la madre, aunque tienen presentes otras constumbres como preparar casabe y tacacho, o hacer artesanías con hilo de palma, semillas del bosque y restos cadavéricos de animales como huesos, escamas o colmillos. 

Y para el desayuno... ¡casabe!
Me entrometí un par de días en la vida de esta familia. Los divertí con mis insistentes preguntas, recorrimos juntos el río y el bosque primario que tienen por jardín, aprendí nuevas recetas y maneras de tejer, y, sin entender cómo, todo el peso citadino que había traído conmigo se transformó en serenidad y gratitud con la vida.  

"Usté si es berraca, ¿no Camila?", me dijo Emilio la mañana en que me fui. 

¿Berraca yo? Berracos ellos, que saben trabajar la tierra y escuchar los mensajes del viento; que conocen el ánimo del río, las bondades o peligros de las plantas y las costumbres de los animales; que viven en paz, que se mueven, que construyen, que crean, que inventan... 

- Emilio, ¿de quién son estas tierras?
- De la comunidad...
- ¿Y si alguien quiere quiere hacer su casa por aquí en el bosque?
- Pues construye, no hay problema...


ALGUNOS CONSEJOS

- El aeropuerto queda un poco alejado de la ciudad, así que al llegar lo mejor es pedir que te lleven al centro y allí encontrarás varias opciones de hospedaje. Para mochileros lo mejor es el Cacique Amazónico.

- Si quieres probar casabe, los lunes hay feria afuera del mercado y las comunidades sacan sus productos típicos, incluyendo esta delicia. Te la puedes llevar y luego la preparas con queso. 

- ¡Desayuna siempre en el mercado!

- No te pierdas una cena deliciosa en el restaurante fusión El Cielo

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